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sábado, 7 de enero de 2012

Tras un mes de sequía

Tras un mes sin escribir, ¡por fin he vuelto!
Lo primero quiero felicitaros a todos el año, y deciros que he echado de menos vuestras letras; intentaré ponerme al día poquito a poco. Y segundo, aquí tenéis este enlace  http://www.exefitness.eu/blog/?page_id=62  por si queréis participar en un concurso de relatos en los que aparezca el deporte y la salud; el premio es en metálico, una ayudita para sobrevivir en 2012. El relato que yo he mandado es el siguiente:

Últimos minutos
Todo tiene un límite y yo ya he superado el mío. Postrado en la cama, espero que llegue el final. Me acompañan mis seres queridos y el médico que va a administrarme el medicamento con el que, por fin, terminará el dolor y la tortura a la que me somete esta enfermedad. Todos lloran a mi alrededor, sufriendo, por anticipado,  mi ausencia. Y mientras sus ojos se llenan de lágrimas, los míos miran más allá. No son escenas de mi vida lo que ven. No son los momentos felices, pasados con mi mujer, mis hijos o mis amigos, lo que revivo: es la visión más bonita y sensual, que se ha cruzado delante de ellos, la que ha recuperado mi memoria.
Han transcurrido doce años de aquel día de 1999, en el que viajé solo a París. Año en el que los hoteles y sus gimnasios fueron el escenario de mi vida. Y en el que hombres y mujeres desconocidos, que encontré en estos lugares y de los que apenas guardo recuerdos, fueron mi única compañía.  
Aquella vez no fue distinta. Tras horas de aburridas reuniones, de insatisfactorias negociaciones, decidí que un poco de deporte desentumecería mis neuronas. Así que me dirigí a la sala de
aparatos y pasé hora y media machacando mis músculos y sudando la decepción acumulada. Agotado, pensé que el mejor final para tanto sacrificio serían unos minutos de baño turco.  Me desvestí y dejé que el vapor me envolviera y, recostado sobre la tarima, di tiempo libre a mis pensamientos. Diez minutos después, cuando ya estaba listo para irme, apareció ella entre la bruma.  Desde el primer segundo no pude apartar mi mirada de su cara infantil, de sus ojos almendrados. Recorrí la distancia desde su pelo, bajando por su nariz, paseando por sus labios, descendiendo por su cuello, hasta perderme por el contorno de sus pechos, ocultos bajo la toalla, que deseé se deslizara y dejara al descubierto el resto de su cuerpo. No cruzamos una palabra, solo nos sonreímos cuando ella se fue y dejó en mi retina una imagen sugerente que no volví a disfrutar, a pesar de que no falté, durante mi estancia en aquella ciudad del amor, a mi cita diaria con el ejercicio. Un recuerdo que ahora regresa para darme consuelo y colorear el gris de mi presente y de mis cinco minutos de futuro.
Con un gesto les señalo que ya es la hora. Mis hijos me besan y se alejan, incapaces de verme morir; el médico introduce en el gotero el elixir de mi muerte y mi mujer me besa, me abraza, pero aparta su mirada. Un error. Si prestara atención vería cómo en mis labios se dibuja una sonrisa, mientras me despido de la vida imaginando qué se escondía bajo aquel tejido blanco.  Una muerte dulce, que no podré contarle a nadie.


7 comentarios:

Maite dijo...

Lo primero, bienvenida!! parece que la sequía también ha llegado por aquí arriba, pero seguro que la musa solo se está tomando un descanso :D

Tu vuelta ha sido magnífica, este relato, duro, tiene magia en su interior, a través de ese lirismo y esa sensualidad has logrado dulcificar ese momento. Mucha suerte en el concurso.

CDG dijo...

Bienvenida de nuevo. Y gracias por la recomendación y por tu relato. El juego de los recuerdos en el momento más duro. Suerte tienen aquellos que pueden recordar cosas bellas en las últimas puertas.
Un beso.

Nicolás Jarque dijo...

Ana, feliz regreso y un buen 2012 repleto de éxitos. Has vuelto fuerte con este relato de despedida dulce, en el que se elije la muerte digna a una vida de castigos.
Me gustó.
Espero que tengas mucha suerte en el concurso.
Bessets y a continuar escribiendo.

LA ZARZAMORA dijo...

Feliz 2012 Ana para ti también, cargadito de cosas buenas.

Toda una vida de sacrificios merecía ese dulce final.
Suerte en el concurso.
Besos.

Sergio dijo...

Bien retornada, bienvenida y feliz año (y los siguiente, también).

Gala dijo...

Me alegra muchisimo tu vuelta.
Feliz año nuevo.
No podias haber empezado con mejores letras, me sobrecogieron.
Y es que hay personas que tras una vida de sufrimiento y del que producen a su alrededor, no merecen más que un final dulce y placentero, aunque sus seres queridos no puedan o no quieran verlo..

Besitos mediterráneos.

Ximens dijo...

ME gusta: "Sudar la decepción acumulada".
El relato es triste, deja una sensación de mal rollo, a pesar de la intención del protagonista. Es que morirse no es un buen deporte. Me gusta como trsncurre la prosa, sencilla, clara. Veo una metáfora es lo que ocultaba aquella toalla y lo que hay detras de la muerte. Venga, que tengas suerte. Nos leemos.