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martes, 11 de septiembre de 2012

Cuentos y más




Betacismo sexual
Mi índice recorre el abecedario de tu cuerpo de la b de tu bagina a la v de tu voca. ¿O es al revés? ¿Confundo las letras y tus prioridades?
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Minicuento con el que participé en la convocatoria "Minicuentos eróticos con humor, en 140 caracteres" de Cuentos y más.


martes, 28 de agosto de 2012

Relato con banda sonora




En esta canción, que descubrí gracias a La Esfera Cultural, está inspirado el relato que sigue y  que leyó La Voz Silenciosa

3.10 minutos de encantamiento
Guau! Esas caderas me tienen loco. El vaiven de la seda de su falda me transporta por el arcoiris del deseo que nace entre mis piernas y trepa raudo por mi piel, destellando en mis pupilas, para eclosionar en mi cerebro. Derecha izquierda, derecha izquierda, mis brazos la dirigen de delante atrás, de atrás adelante para que nuestras caderas converjan en el eje de nuestros cuerpos. El bamboleo, de sus pechos y su melena, marca el ritmo de esta pasión con acordes de Bossa. Sus labios, entreabiertos, son el imán perfecto para que mi boca juegue con su cuello, buscando la dulzura de su lengua. Solo quiero mantener su cintura entre mis manos para dar una pausa a tanto balanceo y que, por fin, nuestras miradas se encuentren y así perderme unos instantes en el azabache de sus iris. Cuando la orquesta acabe de tocar esta canción, lo mejor será que nos demos la vuelta y guardemos este recuerdo anónimo para las noches del invierno que se avecina. Si alguno de los dos pronunciara una sola palabra, el hechizo se rompería y, uno de los dos, se convertiría en sapo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Historias de portería




Participé y quedé finalista en la convocatoria de La Esfera Cultural, Historias de portería,  con el relato Escenario de Adolescencia y La Voz Silenciosa (José Francisco Díaz-Salado) le dio vida, si queréis leerlo y escucharlo, pinchar aquí

miércoles, 6 de junio de 2012

2ª Edición de Relatos Brevísimos Mandarín

Como algunos ya sabéis quedé finalista en 2011, con el relato Al otro lado del jardín, en la primera edición de este concurso. Este año se ha vuelto a convocar con la temática de la novela negra. El plazo de entrega acaba el 15 de octubre; hasta ese día iré publicando los relatos que vaya mandando. Si os animáis a participar, lo podéis hacer aquí.

Primer relato:

72. DESMEMBRADO
Tras una tórrida noche, amanecí sin el dedo corazón de la mano izquierda. Para recuperarlo tendría que desatar y registrar el cuerpo de las tres mujeres tendidas a mi lado y descubrir cuál de ellas lo tenía escondido en su vagina. La tarde anterior ya había perdido el dedo índice al eyacular mientras apretaba el gatillo sobre sus cabezas.
El comisario me iba a cortar los huevos, y mira que le había dicho que no era el más indicado para custodiar a esas testigos protegidas. Pero claro, cómo iba a sospechar él que no perdí la oreja en un accidente si no que me la arrancó de un mordisco aquella puta que se me escapó.

martes, 29 de mayo de 2012

I CONCURSO INTERNACIONAL DE RELATOS BREVES “SONRISA DE QUEVEDO” SOBRE HUMOR EN LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

Si os dais prisa, hasta el jueves hay de plazo para participar en este concurso:  Administrar el humor
El relato con el que he participado es este:

El paraíso está entre sus páginas
Tantos meses buscando el edén en la Tierra y por fin lo encontré. Todo era igual a mis sueños: una bibliotecaria mal encarada, de la que apenas se veía una cana que se asomaba rebelde por encima del mostrador,  a modo de saludo y como representante del Carbono 14  que indicaba la edad del edificio; altísimas estanterías de madera que crujían, decían que por el calor pero yo estaba convencido de que eran  los libros cuando, a escondidas, se cambiaban de sitio; mesas grandísimas en las que se podían apilar tantos volúmenes como se quisiera; miles de libros con restos del aroma de los dedos que los habían  acariciado al paso de las páginas y, lo que más me gustaba, esas lamparitas  que marcaban  la frontera de la mesa, que tus libros no podían  traspasar sin invadir a tu vecino. Una lamparita con  luz anaranjada que se dirigía siempre, te movieras o no, directamente al objetivo de tu lectura. Era mi lámpara maravillosa.
Ese día estaba feliz, con un buen número de ejemplares abiertos,  rodeándome y esperando pacientemente su turno para ser leído, cuando la puerta principal se abrió de par en par y entró una mujer, peor encarada, que, tras intercambiar unas palabras con la bibliotecaria, se acercó hasta donde  me encontraba, sumergido en la historia de Bartleby, y dejó petrificada su mirada en mi cogote hasta que el peso de la animadversión jugó a su favor y me obligó a volver a la realidad y a dedicarle toda mi atención. Con un tono de voz,  que hizo peligrar todos los cristales, me pidió,  perdón,   me exigió, que le diera mi carnet de la  universidad  y  al  contestarle  —preferiría no hacerlo—, contoneándose como una gallina,  me dijo que no tenía derecho al uso de esa biblioteca; que recogiera mis cosas, que en cinco minutos la abandonara y que no volviera nunca más o… ya no recuerdo cuál fue su amenaza. Seguro que el cacareo fue rojo, como el color de su cara en ese momento.
Con el corazón  lleno de  lágrimas me despedí de mis amigas,  solo novelas,  porque en tres meses nadie más que yo había disfrutado ni un minuto de ese lugar,  y me fui. Únicamente  me volví una vez  para ver divertido cómo los libros saltaban de las estanterías y, escapando de las garras de las dos mujeres, salían  a la puerta para despedirme y mandarme palabras de aliento y reencuentro,  que volaron  hasta mí, gracias a un viento ligero.
Por casualidad, después de escribir este relato, he encontrado este corto de animación. ¡¡¡Disfrutadlo!!!




jueves, 17 de mayo de 2012

Me he encogido por culpa de Vila-Matas

Mientras he leído El viento ligero en Parma de Vila-Matas (recomendadísimo) he confeccionado una lista de escritores, músicos, periodistas, ciudades, pinturas, películas, directores que el escritor nombra en su libro y que me he propuesto estudiar a fondo, aunque a la mayoría ya los conozco. Y aquí estoy, desde hace un mes, tachando los nombres que aparecen en los cuatro folios que ocupa el listado. Un placer que me ha provocado, una vez más, la imposibilidad de escribir una línea; el conocer a extraordinarios escritores me ha empequeñecido. No me importa, no me voy a convertir en  Bartleby y compañía (también de Vila-Matas); recuperaré mi tamaño y, quizas, tenga la suerte de que su influencia se vea en mis cuatro letras.
De momento, conmovida aún después de haber visto Invictus, os dejo el poema de William Ernest Henley que Mandela se recitaba en los malos momentos del cautiverio y que da nombre a la película. Creo que nos puede servir de consuelo en este momento. ¿No pensáis que lo último que hay que dejar es que se adueñen de nuestras almas?


Invictus
Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me econtrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

martes, 10 de abril de 2012

Deseo Anónimo

A Rocío, Rafaela y Gema

El sol entorna mis ojos y el horizonte se reduce a sus pechos. Del rosado de sus pubis, al tostado de sus pezones, mi mirada se desliza por sus cuerpos, mecida por una gama de colores. Mi lengua saborea en la distancia el salitre de sus pieles, y mi dedo zigzaguea por la sombra de sus curvas, que el sol dibuja en la arena. En cada uno de mis poros siento el deseo imaginado de las tres y mi corazón se concentra en un único e intenso latido del eje diminuto de mi cuerpo.
El cante de una voz humedecida por el rocío y un murmullo con sordina de tonalidades rafaelistas, al amparo de la gema del sol, el rubí del atardecer, me compañan al regreso de mi ensoñación y dejo que la mar refresque la temperatura de mi sueño y sonrío satisfecha por su inocente ignorancia de mi deseo...


Este es el relato original pero si queréis escuchar otra versión leída por La Voz Silenciosa pinchar aquí