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| Foto Marilele & Hache |
Si no voy al teatro, me muero. Si no voy al cine, me muero. Si no leo un libro, me muero. Si no veo una exposición, me muero. Me muero sin la cultura. Me matan sin la cultura. Me callan sin la cultura. Me callan con los deportes. Me embalsaman con un pisito. Me embalsaman con el colegio privado. Me embalsaman con las relaciones sociales. Y al final, me embalsaman con lo que me gano, pero, no, con lo que me merezco. Adios cultura. Adios criterio. Bienvenido don Dinero.
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viernes, 18 de enero de 2013
¿A qué hueles hoy?
martes, 11 de septiembre de 2012
Cuentos y más
Betacismo sexual
Mi índice recorre el abecedario de tu cuerpo de la b de tu bagina a la v de tu voca. ¿O es al revés? ¿Confundo las letras y tus prioridades?
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Minicuento con el que participé en la convocatoria "Minicuentos eróticos con humor, en 140 caracteres" de Cuentos y más.
Minicuento con el que participé en la convocatoria "Minicuentos eróticos con humor, en 140 caracteres" de Cuentos y más.
martes, 10 de abril de 2012
Deseo Anónimo
A Rocío, Rafaela y Gema
El sol entorna mis ojos y el horizonte se reduce a sus pechos. Del rosado de sus pubis, al tostado de sus pezones, mi mirada se desliza por sus cuerpos, mecida por una gama de colores. Mi lengua saborea en la distancia el salitre de sus pieles, y mi dedo zigzaguea por la sombra de sus curvas, que el sol dibuja en la arena. En cada uno de mis poros siento el deseo imaginado de las tres y mi corazón se concentra en un único e intenso latido del eje diminuto de mi cuerpo.
El cante de una voz humedecida por el rocío y un murmullo con sordina de tonalidades rafaelistas, al amparo de la gema del sol, el rubí del atardecer, me compañan al regreso de mi ensoñación y dejo que la mar refresque la temperatura de mi sueño y sonrío satisfecha por su inocente ignorancia de mi deseo...
El sol entorna mis ojos y el horizonte se reduce a sus pechos. Del rosado de sus pubis, al tostado de sus pezones, mi mirada se desliza por sus cuerpos, mecida por una gama de colores. Mi lengua saborea en la distancia el salitre de sus pieles, y mi dedo zigzaguea por la sombra de sus curvas, que el sol dibuja en la arena. En cada uno de mis poros siento el deseo imaginado de las tres y mi corazón se concentra en un único e intenso latido del eje diminuto de mi cuerpo.
El cante de una voz humedecida por el rocío y un murmullo con sordina de tonalidades rafaelistas, al amparo de la gema del sol, el rubí del atardecer, me compañan al regreso de mi ensoñación y dejo que la mar refresque la temperatura de mi sueño y sonrío satisfecha por su inocente ignorancia de mi deseo...
Este es el relato original pero si queréis escuchar otra versión leída por La Voz Silenciosa pinchar aquí
lunes, 20 de febrero de 2012
jueves, 1 de diciembre de 2011
Entre tus manos
11.30 de la mañana, llego tarde. Cojo aire y comienzo a correr. Tres... dos... Una calle, y ya estoy delante del portal. Unos segundos para recuperar la respiración y puedo subir al ascensor. Me miro en el espejo, me peino y doy el visto bueno. Abro la puerta y el incienso me envuelve y transporta a otro lugar. Espero. Sigo esperando. Diez minutos más y puedo pasar a la habitación. Dejo el bolso, me quito los zapatos, el vestido ¡Uf, llevo tanga! Me acuesto dando la espalda y junto los muslos todo lo que puedo. Le oigo llegar. Me saluda, le saludo y, aunque no veo su cara, sé que sus ojos recorren mi cuerpo; aprieto más las piernas. ¡Qué vergüenza! Hoy no soy capaz de mantener una conversación, le dejo hacer en silencio.
Acaricia mis hombros, quiere abrir mis alas para que las palabras fluyan en el papel y, sin embargo, yo solo puedo concentrar mi atención en sus manos, cuando estas llegan al final de mi columna, y en sus palabras, que se interrumpen cuando llegan a ese punto. A un hilo de tela podríamos hacer realidad la tentación que hemos evitado día a día. Puede hacer lo que quiera, hoy es mi dueño. Imagino que sus dedos apartan esa pequeña barrera, mientras gotas de sudor se evaporan y empapan las paredes, y una fina niebla cubre la estancia. El deseo y el placer mandan. Suena el dong del final de la sesión y un profundo suspiro sale de nuestros labios y viaja por la consulta, estremeciendo a pacientes y "maestros", que comparten, con nosotros, un gran orgasmo tántrico. Me despido sin mirarle a los ojos, no me interesa conocerle, la realidad mataría a la fantasía. Él ya sabe que volveré.
sábado, 24 de septiembre de 2011
Eros
Sus dedos se enredan en mi pelo al apartarlo de mis ojos. Acaricia mi nuca y con un dedo recorre mi espalda. Coge mis caderas y acerca nuestros cuerpos. Me abraza. Noto su aliento en mi oreja y me estremezco.
Me besa los hombros, el cuello, la mejilla, y mis labios, ansiosos, buscan los suyos. Me doy la vuelta y pego mi pecho, mi vientre, mis muslos. No quiero que quede ni un centímetro de mí que no roce su piel.
Le beso, primero con cuidado, luego le beso apretando nuestras bocas. Mojo sus labios y nuestras lenguas se encuentran y comienzan un juego que acelera nuestra respiración. Me lo quiero comer.
Su pene crece, se endurece y mi clítoris empieza a latir. Los acariciamos, los besamos, los chupamos.
Quiero que esté dentro de mí. Me siento a horcajadas encima de él. Me penetra y una ola de calor sube por mi columna hasta mi cara. Y comienzo a moverme, primero lentamente para acompasar nuestro ritmo y, poco a poco, el movimiento se vuelve más rápido. Pone una mano en mi pubis y la otra en mi espalda dirigiendo mi cuerpo. Noto el calor de su mano. Pregunta si la siento, si me gusta. Le vuelvo a besar... sus labios están ardiendo.
Ya no puedo más y se lo digo. –Sigue-. Al oír su voz me abandono. mi cuerpo se arquea y ya no oigo nada. Un minuto en el que estamos solos su pene y mi orgasmo. Mi mente se nubla de placer.
Después la calma, el silencio, las caricias y las prisas. Se viste, me visto, nos vamos, nos besamos. No le pregunto su nombre.
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